Tom Cruise ya no es una persona. Es la idealización de Tom Cruise.
Ya no queda nada del pipiolo de Risky Business en ese rostro cincelado por ordenador.
miércoles, enero 28, 2009
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viernes, diciembre 12, 2008
Tras meses de sequía, no me puedo resistir a dejar para la (mí) posteridad esta maravillosa definición:
trancha.
1. f. Hierro con canto boto, que, clavado en un borriquete, sirve a los hojalateros para rebordear sobre él con el mazo los cantos de la hojalata.
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domingo, septiembre 14, 2008
Patty, una de mis cuñadas, utiliza la expresión "es un marido" con una mezcla de desprecio y resignación. Siempre me había parecido bastante mal, hasta que el sábado me di cuenta de que yo también me he convertido en "un marido". ¿Cómo se da cuenta uno de esto? Desde luego, no por algo tan simple como una alianza en un dedo. Puedes llevar años de casado y todavía no haberte convertido en un marido.
La cuestión es que estaba comprando el regalo de cumpleaños de P. En un establecimiento especializado en lencería fina. En otras ocasiones, pues ya había sido cliente, mi estrategia consistía en pasar fugazmente por delante del escaparate durante cinco o seis días, tratando de divisar un conjunto bonito y atrevido. Era una forma bastante complicada de fijarse en los detalles, pero evitaba que pasara vergüenza y me permitía entrar a la tienda sabiendo que es lo que quería comprar. Lo se, es estúpido, pero soy así.
Sin embargo, esta vez entré en la tienda, y expliqué, sin más rodeos, lo que estaba buscando. La amable encargada me mostró docenas de conjuntos de diferentes hechuras, tejidos y colores. Fue realmente divertido. Me encontré disfrutando de las compras. Por si fuera poco, me llevé conmigo a los niños, y p. incluso dió su opinión. Fue perfecto.
Mientras esperaba que envolviesen el conjunto, llegó un chico. Tratando de aparentar tranquilidad, farfulló que quería comprar un camisón de novia y que ya había mirado en un montón de tiendas. La dependienta le pidió alguna orientación, y el joven, mirando al suelo, señaló un maniquí que había dentro de la tienda y dijo: "ese".
La chica se lo envolvió y el se fue muy aliviado, y algo aterrorizado de que haya "maridos" capaces de ir a comprar ropa interior para su mujer con los niños. Bueno, si aguanta lo suficiente en su matrimonio, quizá le de tiempo a convertirse en marido.
Por supuesto, el motivo real de este post es poner la foto.
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Etiquetas: imágenes perturbadoras
martes, agosto 05, 2008
Con la edad, uno se hace duro. La dureza lleva a la impasibilidad, y la impasibilidad impide que suceda el agitamiento interno que termina plasmado en un post.
No obstante, por duro que uno se haga, siempre hay algo que lanza el viejo proceso. Y se agradece.
Por ejemplo: Es admirable cómo se puede pasar de la más extrema ñoñería a una perversidad tan evocadora.
That I ever did see
I really love your peaches
Want to shake your tree
The Joker
Steve Miller
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Etiquetas: imágenes perturbadoras
domingo, junio 22, 2008
Mi sueño recurrente ha vuelto. Hoy he vuelto a soñar con un avión que se estrella cerca de mí. La diferencia es que esta vez, dentro del sueño, le contaba a alguien que tengo un sueño recurrente en el que un avión se estrella cerca de mí.
Parece una meta-obsesión.
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Etiquetas: sueños
martes, junio 17, 2008
En todo hay cierta inevitable mala leche. En las caras de desprecio de los adolescentes en el andén del metro. A ti, que eras como ellos hace cuatro días. En la presentadora del telediario, con su mirada altiva procedente de unos rasgos perfectos de imagen sintética. En la mandíbula de una presidenta autonómica que mastica chicle igual que masticaría a los ciudadanos que no la votan. En la pluma de un escritor de moda que tras tres horas de mascar polvo bajo un sol de justicia sólo acierta a garabatear un firma ininteligible y ni siquiera la acompaña de tu nombre.
Mas yo, milagro inesperado. Vivo acorazado, impermeable y ajeno al mal karma que me pone enfermo.
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Etiquetas: gritos en el desierto
jueves, mayo 29, 2008
Mi compañero de viaje saca del bolsillo de su chaqueta un fajo de papeles doblados que despliega con dedos nerviosos sobre la bandeja del asiento.
Grandes tablas rellenas con letra minúscula cubren los papeles, cuyos dobleces están tan marcados en algunos lugares que amenazan con desgajarse. Se diría que lo único que los mantiene unidos es la atracción matemática, la relación que los números de la cuadrícula separatista mantienen con el resto de números de la matriz.
Mi compañero inspecciona los papeles durante unos minutos. A continuación, en la parte trasera de una de las hojas comienza a dibujar, a bolígrafo, con pulso poco firme, una nueva cuadrícula. Garabatea en la cabecera de las columnas pequeños símbolos, que, desde mi asiento y por el rabillo del ojo desviado de las páginas del periódico, no acierto a descifrar. En cada una de las pequeñas y mal dibujadas casillas escribe un número, o una letra, sin aparente lógica. Comienzo a pensar que quizá esté loco, y sea su manera de escapar de la realidad (o quizá de acercarse a ella), pero algo en la decisión de su mirada me convence de que sus acciones tienen una lógica fuera de toda discusión, y quizá, simplemente, yo no esté preparado para entenderla.
La mujer que hay al otro lado del pasillo lee recetas de cocina en una revista de cotilleos. El vaso de coca-cola que tiene delante, tiene en su borde una grasienta mancha de pintalabios de color ocre. De repente tengo nauseas.
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Etiquetas: sombras en el espejo