La cuestión es que estaba comprando el regalo de cumpleaños de P. En un establecimiento especializado en lencería fina. En otras ocasiones, pues ya había sido cliente, mi estrategia consistía en pasar fugazmente por delante del escaparate durante cinco o seis días, tratando de divisar un conjunto bonito y atrevido. Era una forma bastante complicada de fijarse en los detalles, pero evitaba que pasara vergüenza y me permitía entrar a la tienda sabiendo que es lo que quería comprar. Lo se, es estúpido, pero soy así.Sin embargo, esta vez entré en la tienda, y expliqué, sin más rodeos, lo que estaba buscando. La amable encargada me mostró docenas de conjuntos de diferentes hechuras, tejidos y colores. Fue realmente divertido. Me encontré disfrutando de las compras. Por si fuera poco, me llevé conmigo a los niños, y p. incluso dió su opinión. Fue perfecto.
Mientras esperaba que envolviesen el conjunto, llegó un chico. Tratando de aparentar tranquilidad, farfulló que quería comprar un camisón de novia y que ya había mirado en un montón de tiendas. La dependienta le pidió alguna orientación, y el joven, mirando al suelo, señaló un maniquí que había dentro de la tienda y dijo: "ese".
La chica se lo envolvió y el se fue muy aliviado, y algo aterrorizado de que haya "maridos" capaces de ir a comprar ropa interior para su mujer con los niños. Bueno, si aguanta lo suficiente en su matrimonio, quizá le de tiempo a convertirse en marido.
Por supuesto, el motivo real de este post es poner la foto.