Miles de millones de ciclos cósmicos después, todavía no habían logrado su objetivo, pero uno de los monos había escrito una versión mejorada de La Tempestad. La versión era mejor que la original, pero se salía del alcance del experimento, así que la ignorarón. Después de ese incidente, transcurrieron un número de ciclos cósmicos igual a un nueve seguido de ceros suficientes para dar la vuelta a todo el universo hasta un período justo anterior a su colapso, en ese momento tuvieron lista la primera versión completa. Era erronea, desde luego, y la rechazaron, pero tenía menos de treinta mil errores. El triunfo estaba cerca.
Tarde, mucho, mucho más tarde pareció que ya disponían de una copia completa y correcta. Los ángeles la leyeron y les pareció correcta, pero a esas alturas ya estaban bastante cansados y no podían pensar con claridad. Uno de los ángeles notaba que habían pasado algo por alto y volvió a repasar el escrito hasta encontrar el error. Era un verso en El fénix y la tortuga
Desde esta sesión queda vedada
Toda ave de ala tirana,
Salvo el águila, pluma soberana:
Mantened esta norma observada.
Toda ave de ala tirana,
Salvo el águila, pluma soberana:
Mantened esta norma observada.
Eso era lo que decía el libro, pero lo que uno de los monos había escrito era casi lo mismo:
Desde esta sesión queda vedada
Toda ave de ala tiranna,
Salvo el águila, pluma soberanna:
Maldita maquinna, la n está atascada.
Toda ave de ala tiranna,
Salvo el águila, pluma soberanna:
Maldita maquinna, la n está atascada.
Y el ángel lloró.
Pensad sobre ello, y si podeis leed el original.
Si además os sentís ángeles, podeis tener vuestros propios monos mecanógrafos en este enlace.