Leo el periódico todos los días, aunque reconozco que no siempre lo compro. Casi siempre El País, aunque no le hago ascos a otros. Aprovecho la hora del desayuno o del pincho en la cafetería, así que es una lectura rápida, pero si veo algo que me interesa especialmente no dudo en acercarme al kiosco para comprar el periódico y leerlo con tranquilidad.
Los fines de semana es otra historia. Casi todos los sábados y sin falta los domingos, compro El País. Estoy enganchado al suplemento de literatura (Babelia) de los sábados y a los artículos de fondo y las columnas de opinión de los domingos. Además, a P le encanta el suplemento dominical.
Así que previendo que hoy habría mucha demanda (porque regalan una película, y ya se sabe, cuando en este país regalan algo se toma aunque no se sepa para que...) bajé más temprano de lo habitual a comprarlo. Tengo que reconocer que no madrugo demasiado los domingos, así que para lo que hago normalmente, pensaba que las 11:00 sería una hora muy decente para ir a comprar el periódico.
Error.
No quedaba. En ninguno de los tres kioscos que controlo cerca de mi casa.
Muy cabreado, y sin resignarme a quedar sin el periódico, tiré de mi contacto kiosquero, mi tía, desde hace un par de años, trabaja en un kiosco, (pensar lo bien que me habría venido tener una tía kiosquera a los diez años...), por supuesto me lo consiguió, aunque aprovechó para reñirme por no ir nunca a verla y por no haberselo encargado. La verdad es que me conoce muy bien, y sabe que Casablanca es mi película favorita, así que sin que nadie le dijera nada, había apartado un ejemplar del periódico para mi. También me confesó que hoy, El Pais, ni siquiera lo habían puesto a la venta: "sólo encargos y clientes VIP".
Eso si que es una tía buena.
No pensaba postear algo tan mundano. Ultimamente me siento asquerosamente trascendente, pero al leer que a El malvado ventrilocuo de Saint Olaf le había pasado algo parecido no pude resistirme. Hacía mucho que no me reía tanto con un blog (que he descubierto gracias a una amiga común), echadle uno o dos ojos.
domingo, enero 30, 2005
Publicado por Poncho a las 19:04
viernes, enero 28, 2005
Ultimamente he leido bastantes posts y comentarios referidos a la veracidad de los blogs. Parece que a mucha gente le preocupa si lo que se escribe en los blogs es realidad o ficción.
Y yo me pregunto: ¿importa?
La realidad no es más que lo que percibimos a través de unos sentidos imperfectos. La auténtica realidad podría ser algo muy distinto a lo que nosotros entendemos, incluso es posible que haya varias realidades, unas percibibles y otras no. Quizá somos el sueño de un gigante, o puede que los gigantes seamos nosotros y no lo sepamos.
¿No podríamos aceptar que la blogosfera es una realidad diferente y equivalente a las demás realidades?
¿Podría ser el nacimiento de un subconsciente colectivo?
no era más falsa que una verdad
Así que pudiendo vivir de sueños
¿quién quiere la realidad?
Publicado por Poncho a las 01:00
miércoles, enero 26, 2005
Ya hace una semana que P está en el hospital. Todo sigue igual, lo cual es bastante bueno, ya que cada día que pasa significa que los pulmones del pequeño estarán más fuertes.
Al nivel de stress que tengo estos días, ha contribuido el coche. Hoy, el muy cabrón, se ha negado a dejarme meter la primera y la marcha atrás. Cada vez que lo intentaba hacía un ruido terrorífico. Finalmente, descubrí que podía meter las marchas si el coche estaba apagado (lo cual lo convierte en un aparato bastante inútil). La cuestión es que conseguí arrancar metiendo la primera antes de dar al contacto y manteniendo el embrague apretado. Así fui hasta el taller, donde hicieron conmigo una versión de: "eso o es el embrague o es la junta de la trócola, aaaaaaaaaay como sea la trócola prepárate..."
Por suerte, (de momento), sólo hubo que ajustar "algo" del embrague, pero me veo cambiando de coche y aparte de que costará un dinero que no tengo, me da una pereza...
Por si fuera poco, está nevando.
Publicado por Poncho a las 23:33
Los servicios de blogging deberían incluir controles de alcoholemia para evitar posts como el anterior.
Publicado por Poncho a las 22:46
Mi amigo S (aunque llamarlo amigo es poco, muy poco...) y su mujer Y, me han invitado a cenar. Se han apiadado de mi, y han decidido que un pincho de tortilla a las 11:30 y la cena que yo puedo hacerme no es suficiente para que alguien de mi porte subsista.
Así que me han agasajado con una deliciosa y agradable cena, generosamente regada con vino y licores. Por tanto, me encuentro en un momento de euforía en el que es casi obligado escribir un post para su posterior recuerdo (antes de que alguien se escandalice, me gustaría recordarle que él, también lo hace)
La cena ha sido deliciosa, y aunque incluía postre, la auténtica guinda ha sido una grabación de Y interpretando el maravilloso "Rapsody in blue" de Gershwin. Durante muchos años, el rapsody ha sido la música que yo me ponía para animarme ante la adversidad (junto con el Peer Gynt de Grieg).
Ha sido una velada memorable. Daría algo (muy importante) por ser capaz de generar sonidos tan maravillosos como los de Y tocando el clarinete en rapsody in blue...
Publicado por Poncho a las 01:40
lunes, enero 24, 2005
sábado, enero 22, 2005
LLevo dos días pensando en como voy a escribir esto. Se me han ocurrido diversos enfoques y un puñado de frases tremendamente emotivas. Pero me encuentro demasiado cansado, así que trataré de esquematizar.
Miércoles tarde. P se encuentra mal. Vamos al médico. El médico dice que P debe ingresar en el hospital. Entramos por urgencias. La idea es que quede en observación. Se la llevan. Espero en el pasillo. Espero. Llega una médico que me pregunta:
-¿Quiere entrar al parto?
-Se equivoca --le digo-- mi mujer no está de parto.
-Si lo está.
-Pero es imposible, sólo está de 33 semanas.
-A veces pasa. Estamos tratando de pararlo, pero no siempre se puede. ¿Quiere entrar?
-?!?!
Y entré.
A P no le habían dicho nada. Llevaba tanto tiempo con dolores que ya le parecía normal.
Se lo explico. Llora. Lloro. Trato de animarla. Le acaricio la mano. La beso.
La medicación le da temblores. La médico mira los gráficos. Hay que esperar.
Esperamos. Recordamos. (Esto no puede estar pasando).
Nos calmamos un poco. El latido del bebé atruena en la habitación desde el monitor.
La médico dice que el tratamiento parece haber surtido efecto. La devuelven a planta. P está destrozada. La abrazo (con mucho cuidado). Nos besamos. Nos despedimos.
Llego a casa. No recuerdo más hasta el día siguiente.
Ahora P está bien. Sigue en el hospital, pero no le duele nada. Se encuentra mejor. Seguimos asustados. Expectantes. Nerviosos.
Qué poco importantes parecen el resto de problemas.
Tengo sueño...
Publicado por Poncho a las 01:17
martes, enero 18, 2005
Dos perlas:
EE.UU. estudió crear una bomba «gay» para minar la moral del enemigo
y
Fraga critica a los homosexuales por estar orgullosos de «funcionar al revés»
Si alguien entiende (nótese el sutil juego de palabras) algo que me lo explique.
Publicado por Poncho a las 19:53
lunes, enero 17, 2005
domingo, enero 16, 2005
P, demostrando un gran valor, ha aceptado que mientras dure la convalecencia, yo me ocupe de cocinar. Hasta ahora, mis habilidades culinarias no pasaban de cocer pasta, hacer huevos fritos y alguna tortilla (creo que abrir latas no es cocinar). Pero la cuestión es que le he tomado gusto al asunto y en el poco tiempo que llevo practicando he descubierto que la cocina es algo muy entretenido y gratificante.
De momento, dada mi falta técnica y conocimientos, me limito a ser un cocinero algorítmico. Es decir, sigo la receta al pie de la letra (o lo más aproximado que soy capaz), tengo entendido que los auténticos cocineros desprecian a los tipos como yo, pero por ahora no me siento lo suficientemente liberado como para cocinar sin receta.
He descubierto que me encantan las sopas, me parece algo mágico, cómo de un puñado de ingredientes y una jarra de agua puede salir algo tan delicioso y nutritivo. Es increible cómo una pizca de la especia adecuada puede transformar el guiso más insulso en una fiesta para los sentidos.
Y es que la cocina es ciencia y arte a partes iguales. Además, también tiene una parte tecnológica. Para muestra un botón (o dos):
- Chocolate & Zucchini: Es el blog de Clotilde, una parisina que demuestra un gusto exquisito en sus posts y en las recetas que comparte a través de ellos. Es uno de mis blogs favoritos de siempre.
- Cooking for engineers: El propietario de este blog ha diseñado una forma de escribir recetas que no da lugar a la más mínima duda. Tremendamente freak, pero muy efectivo.
Publicado por Poncho a las 01:10
martes, enero 11, 2005
Ultimamente mi trabajo me aburre. Se que es algo bastante habitual, pero hasta ahora, el mio era un trabajo razonablemente divertido y moderadamente agradable. Seguramente, la culpa no es sólo del trabajo, sino del momento de la vida en que me encuentro. Todo esto me hace pensar en las posibilidades que tengo de cambiar cosas en mi vida. Quizá la más evidente sea cambiar de trabajo, no sólo de empresa, sino incluso de negocio. Bajo este supuesto se abre un gran abanico de posibilidades, muchas de ellas sumamente atractivas.
Por ejemplo, por qué no hacerme promotor de espectáculos extremos. Se me ha ocurrido uno que causaría sensación. Se llamaría (en inglés, porque hay que llegar al mayor número de targets posible) "The deadly ultimate massive bungee-jump" y consistiría en lo siguiente:
-En primer lugar averiguar la tasa de accidentes (mejor mortales) de los saltos bungee. Supongamos que sea de uno cada 5000
-Poner a la venta 5000 tickets (a un precio razonable de pongamos 300 euros) para participar en el salto masivo. El ticket dará derecho a una parcela para enganchar la cuerda en un puente respetable (sería perfecto hacerlo en el puente Oresund que une Dinamarca con Suecia)
-Promocionarlo mediante medios cool como Internet o mesajes SMS de tipo pásalo y venderlo con slogans como "uno de ellos no volverá"
Viendo el mundo en que vivimos estoy seguro de que me iban a quitar las entradas de las manos.
Publicado por Poncho a las 10:54
lunes, enero 03, 2005
Una de las vistas que más me deprime es la de los primeros volúmenes de colecciones de libros, que fueron regalados por algún periódico y que adornan las estanterías de algunos hogares. Porque ya me direis qué hace, sino adornar, un solitario tomo "A-Aouita" de una enciclopedia, que está rodeado de volúmenes que no tienen nada que ver con él. Ayer mismo, haciendo limpieza me encontré en MI estantería, con el susodicho tomo, promoción de una enciclopedia que editó El Pais hace algunos meses. Decidí deshacerme de él en el acto. Y ya estaba camino del contenedor de papel reciclado cuando se me ocurrió darle otro destino (quizá más cruel).
Llamé a p y le dije: "Tengo un regalo para ti"
-¿Qué es? ¿una sorpresita?
-Algo parecido--le dije, y le di el libro.
-Un libro--dijo ella--¿qué pone?
-Es un libro muy bonito. Tiene muchas letras, fotos, dibujos, y muchos animales: el alcatraz, la araña, la ameba (?), y además tiene un abeto. Mira.
p lo miró muy interesada, y quitándomelo de las manos dijo: "Es un árbol de Navidad"
-Si, árbol también viene.
Y se fue con el libro a su habitación.
P me ha dicho que la niña se ha pasado la mañana sentada a su lado (aprovecha que P no puede moverse demasiado), con el libro, contándole todos los cuentos que conoce como si los estuviese leyendo.
Que alguien me diga si eso no es fomentar la lectura en los niños!!!!
(¿se nota que se me cae la baba?)
Publicado por Poncho a las 23:12
jueves, diciembre 30, 2004
Otra vez. Otra vez vuelvo a estar metido en plena vorágine de compras. Mira que todos los años digo: "el año que viene haré las compras de Reyes en Junio". Pero nada, siempre lo dejo para última hora. Y encima este año, con P enclaustrada, se me ha caido todo encima. Por ejemplo; ayer recibí el encargo de comprar el regalo para mi sobrina P (Esto de los nombres empieza a ser complicado. Llamémosla sP). Parecía fácil. Sólo tenía que comprar un muñeco llamado Jagget... Pero... tenía que asegurarme de que era un Jagget niña. Así que me fuí al centro comercial (que en estas fechas es para verlo por la cantidad de gente que hay).
Tercer pasillo, juguetes. Estantería de la derecha, niñas. Bratzs (que eran lo más el año pasado), Barbies y demás cursiladas. Allí están. Además de oferta. A 24.99 ? (?!).
Tras un detallado examen, confirmo que sólo tienen un modelo. El engendro en cuestión se llama Toky-Oh, pero no tengo ni puta idea de si se trata de un niño o una niña. Juzgad vosotros mismos:
Así que antes de arriesgarme a comprarlo, que sea niño, y tener una tremenda pelotera con sP (que tiene su caracter), llamo a P y le digo que me verifique en el catálogo el sexo, si lo tiene (el sexo, no el catálogo), P tampoco está muy segura, así que ante la duda lo buscaremos (lo buscaré) en otro sitio.
La otra opción es comprar el bicho este y ponerle un lazo en la cabeza. ¿no?
Publicado por Poncho a las 11:28
martes, diciembre 28, 2004
Ayer, P preparó la canastilla. Está muy preocupada porque el parto se adelante, y cuenta los días que van pasando para llegar a la zona de seguridad (todavía faltan cuatro semanas).
La canastilla es como una singularidad del espacio-tiempo, pero aplicada a la vida humana: En la canastilla se meten todos los enseres y accesorios que van a necesitar una vida que comienza, y otra que debe continuar tras un "periodo especial". En la canastilla se mezcla lo práctico con lo banal. Las zapatillas de plumas con los saca-leches. Una vida tendrá su punto cero, la otra marcará aquel momento como uno de los más importantes y que recordará para siempre.
Quizá, no es más que un reflejo de lo que es nuestra vida: Una trivialidad con momentos de profunda trascendencia.
Publicado por Poncho a las 13:59
martes, diciembre 21, 2004
Hoy hemos tenido nuestra primera crisis de embarazo. P no se encontraba muy bien, tenía un extraño dolor en el vientre, así que ante la duda fuimos al médico. Media hora de monitores y una exploración. El bebé está bien, pero la mamá no tanto. Así que le han recetado reposo. Empezamos mal, mañana p tiene fiesta en el colegio y yo estaré todo el día fuera. Por suerte, de momento, la familia se está portando. Las abuelas se turnarán con su nieta, Patty se ocupará de K y todo el mundo se ofrece para echarnos una mano.
Estoy relativamente tranquilo, pero no pude dejar de sentir una punzada de algo (¿miedo?) cuando el médico definió qué es eso del reposo: más horas de cama o sofá, no hacer esfuerzos y nada de relaciones... Mi lado juguetón sopesó preguntar a qué tipo de relaciones se refería, pero creo que los ginecólogos no se distinguen por su sentido del humor.
Publicado por Poncho a las 01:10
sábado, diciembre 18, 2004
Durante la vida, tienes que aprender a adaptarte a cambios inevitables: un trabajo nuevo, una pareja diferente, hijos, accidentes, desgracias variadas, muerte, guerras, comunidades de vecinos...
Muchas veces, el éxito en algunos aspectos de la vida, depende de la capacidad que tengamos para adaptarnos a los nuevos entornos. No es fácil, pero es algo que se aprende con el tiempo. Y es que nos estamos entrenando en ello desde que nacemos: el destete, el primer día de colegio, la primera noche fuera de casa...
Pero también hay cambios menores. Cambios que se limitan a modificar la rutina adquirida a lo largo de los años. Y no por ser menores son menos traumáticos.
Recuerdo que cuando estudiaba EGB, durante el tiempo de recreo, los niños de mi clase (y de las clases de al lado) jugábamos al fútbol. El fútbol, hasta el cuarto curso, consistía en una veintena de crios pegándole patadas al balón sin importar la dirección o resultado. En mi colegio, había dos espacios habilitados para jugar al fútbol. Uno era una cancha de futbito medio decente, que los niños del ciclo inferior (de primero a cuarto) compartíamos en los recreos. El otro espacio era conocido como 'El barrizal', una franja de terreno arcilloso, delimitada por un muro de piedra (una de las bandas) y una verja herrumbrosa (la otra banda), que separaba el terreno de juego de un jardín de cactos. Las porterías estaban construidas de forma natural por la pared de piedra y por sendos árboles, por tanto, las porterías, sólo tenían un poste.
Entonces, la vida era fácil. En el recreo, nos juntábamos las dos clases de cuarto y organizábamos partidos. El cuarto A contra el cuarto B. Eran emocionantes lides en las que treinta chiquillos tratábamos de patear el balón al mismo tiempo.
Pero las cosas cambiaron al empezar quinto. Pasábamos a pertenecer al llamado ciclo superior (quinto, sexto, séptimo y octavo), y entre todos los cursos se repartía el uso de la cancha de futbito (un día cada curso, y los de séptimo un día más). El primer día de clase en este nuevo ciclo, salimos (al menos yo), con la intención de continuar los partidos del año anterior, pero un acuerdo no escrito e implícito en nuestro nuevo estátus de proyectos de adulto, llevó a un par de cabecillas a decidir que no se podía seguir jugando en tropel, sino que se debían organizar equipos de cinco jugadores y algún reserva entre las tres aulas de quinto, para tratar de aprovechar, como se lo merecía, la cancha de futbito el día que nos tocaba. Así que de un día para otro, yo, y un puñado de inadaptados, nos vimos excluidos de nuestra ración futbolística diaria.
Creo que sin darme cuenta, empecé a odiar al "deporte rey", y durante muchos años no quise saber nada del mismo. A cambio descubrí nuevas formas de pasar el tiempo, como caminar en grupo a lo largo del perímetro del colegio (cosa que a algunos compañeros les resultó muy útil cuando años después se vieron encerrados en la cárcel), a intercambiar arcaicas máquinas de videojuegos Nintendo, a quemar papeles y plásticos a escondidas y a mirar revistas para adultos haciendo ver que entendíamos lo que significaban aquellas fotos.
Aquel fue el primer cambio que recuerdo, la primera adaptación consciente de mi vida. Desde entonces ha habido muchas más, pero la sensación nunca ha sido más fuerte.
Parece mentira, pleno siglo XXI, y todavía nadie ha inventado un botón de salvar partida para usar en el mundo real.
Publicado por Poncho a las 20:38
martes, diciembre 14, 2004
Hoy, mientras íbamos de camino al colegio, p me ha hecho una pregunta:
-Papá, ¿qué pasa cuando se te caen las manos?
Al principio no le di importancia, pues p está en esa fase en que lo preguntan todo, absolutamente todo, hasta las cosas más inexplicables. Pero siguió insistiendo. Yo traté de contestar con un muy correcto "las manos no se caen"
-Pero, ¿qué pasa si se te caen?
-mmmmm, supongo que no podrías coger cosas, pero es algo que no suele suceder.
-ah, vale.
...
Seguimos caminando. Pero la pregunta me había causado curiosidad, así que decidí indagar de dónde había salido esa idea.
-Cariño, ¿por qué me has preguntado eso de las manos?
-Porque lo soñé dormida --contestó con la mayor tranquilidad e inocencia.
Me dejó helado. Desde hace meses, desde que p es capaz de comprender nuestras preguntas y contestarlas, le pregunto todas las mañanas si ha soñado algo. Ella siempre me contesta que no. Había llegado a preocuparme: "mi hija no sueña", pero P me tranquilizaba diciéndome que era muy pequeña y que no se daba cuenta de qué eran sueños y qué realidad.
Hoy se que mi hija tiene sueños, y que algunos de ellos son pesadillas y que no puedo hacer nada para evitarlo (muchas veces, ser padre te convierte en un ser absurdo). Será una tontería, pero que p sueñe "por su cuenta" me parece el primer síntoma de independencia y de que se está convirtiendo en una persona que pronto hará su vida, en la que yo no tendré demasiado que decir...
Publicado por Poncho a las 23:44
lunes, diciembre 06, 2004
p está, cosas de la edad, henchida de espíritu navideño. No para de cantar villancicos, quiere salir a la calle para ver las luces y los árboles de Navidad y, todos los días, tacha un día del calendario contando los que faltan para que venga Papa Noel. Lo cual no deja de ser curioso, porque no distingue el pasado del futuro (todo es mañana), pero sabe que un día viene Papa Noel y otro los Reyes Magos.
Ante su insistencia, hemos aprovechado este fin de semana para adornar la casa con los inevitables nacimiento y árbol de Navidad.
A P, siempre le ha gustado adornar la casa en Navidad. Guarda como oro en paño unas figuritas con las que todos los años monta el Belén (en el buen sentido, claro). Aunque el año pasado, algunas figuritas sufrieron serios percances. Uno de los animalitos pasó a mejor vida hecho añicos y el niño Jesús pasó la mayor parte de las fiestas desaparecido (lo encontramos entre dos ramas cuando desmontamos el árbol de Navidad). Detrás, hubo una mano no demasiado inocente, aunque muy pequeñita. Así, que este año, ante la posibilidad de que el resto de figuritas sufrieran más daños, P tuvo una idea, a la que la pequeña ha accedido con tremenda alegría. Han construido el Belén con los juguetes de p, así que esta vez, no habrá problemas en que la niña juegue con las figuritas.
Madre e hija están encantadas...
Y yo babeo viéndolas jugar...
Publicado por Poncho a las 01:13
jueves, diciembre 02, 2004
Orión, el cazador, es una de las constelaciones más fácilmente identificables del firmamento. Su característico cinturón y sus brillantes estrellas la convierten en un punto de referencia desde cualquier lugar de La Tierra.
Hace unos días, gracias a una noche especialmente despejada y pese a la luna llena y las luces de la ciudad, pude disfrutar de una hermosa vista de Orión y sus estrellas vecinas en el trocito de cielo que se ve desde mi ventana. El hombro derecho del cazador (hay que tener en cuenta que en el hemisferio sur la figura estaría cabeza abajo) es la estrella Betelgeuse, fácilmente distinguible por su brillo rojizo. Si extendemos el cinturón mediante una línea recta hacia el lado de Betelgeuse, nos encontraremos con Sirio, la estrella más brillante del cielo. Sirio forma parte de la constelación Can Mayor, que según la explicación de Ptolomeo es uno de los dos perros que siguen al cazador.
El otro día, Sirio brillaba de una manera tan hermosa que mirarla causaba dolor en el corazón. Sus tonalidades iban desde el verde al blanco azulado y se asemejaba a un diamante iluminado por un foco halógeno.
Me encanta mirar las estrellas. Adoro sentirme insignificante, y que todos mis problemas desaparezcan entre la inmensidad de luces antiguas.
Hubo una época en que mirar el cielo era una parte muy importante de la vida, pero actualmente casi lo hemos olvidado. Observar el cielo nocturno desde una gran ciudad es prácticamente imposible, lo cual obliga a los aficionados a desplazarse a lugares alejados de la civilización. Hace unos meses, un grupo de astrónomos realizó una petición ante la UNESCO para declarar el cielo como Patrimonio de la Humanidad, con el fin de paliar la contaminación lumínica de las grandes ciudades, la cual contribuye a alejarnos poco a poco de nuestro pasado.
Se que el futuro consiste precisamente en eso, en alejarnos del pasado, pero... ¿no parece evidente que nuestro futuro tendrá mucho que ver con las estrellas?
Publicado por Poncho a las 01:06