Mi sueño recurrente ha vuelto. Hoy he vuelto a soñar con un avión que se estrella cerca de mí. La diferencia es que esta vez, dentro del sueño, le contaba a alguien que tengo un sueño recurrente en el que un avión se estrella cerca de mí.
Parece una meta-obsesión.
domingo, junio 22, 2008
martes, junio 17, 2008
En todo hay cierta inevitable mala leche. En las caras de desprecio de los adolescentes en el andén del metro. A ti, que eras como ellos hace cuatro días. En la presentadora del telediario, con su mirada altiva procedente de unos rasgos perfectos de imagen sintética. En la mandíbula de una presidenta autonómica que mastica chicle igual que masticaría a los ciudadanos que no la votan. En la pluma de un escritor de moda que tras tres horas de mascar polvo bajo un sol de justicia sólo acierta a garabatear un firma ininteligible y ni siquiera la acompaña de tu nombre.
Mas yo, milagro inesperado. Vivo acorazado, impermeable y ajeno al mal karma que me pone enfermo.
Publicado por Poncho a las 17:25
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jueves, mayo 29, 2008
Mi compañero de viaje saca del bolsillo de su chaqueta un fajo de papeles doblados que despliega con dedos nerviosos sobre la bandeja del asiento.
Grandes tablas rellenas con letra minúscula cubren los papeles, cuyos dobleces están tan marcados en algunos lugares que amenazan con desgajarse. Se diría que lo único que los mantiene unidos es la atracción matemática, la relación que los números de la cuadrícula separatista mantienen con el resto de números de la matriz.
Mi compañero inspecciona los papeles durante unos minutos. A continuación, en la parte trasera de una de las hojas comienza a dibujar, a bolígrafo, con pulso poco firme, una nueva cuadrícula. Garabatea en la cabecera de las columnas pequeños símbolos, que, desde mi asiento y por el rabillo del ojo desviado de las páginas del periódico, no acierto a descifrar. En cada una de las pequeñas y mal dibujadas casillas escribe un número, o una letra, sin aparente lógica. Comienzo a pensar que quizá esté loco, y sea su manera de escapar de la realidad (o quizá de acercarse a ella), pero algo en la decisión de su mirada me convence de que sus acciones tienen una lógica fuera de toda discusión, y quizá, simplemente, yo no esté preparado para entenderla.
La mujer que hay al otro lado del pasillo lee recetas de cocina en una revista de cotilleos. El vaso de coca-cola que tiene delante, tiene en su borde una grasienta mancha de pintalabios de color ocre. De repente tengo nauseas.
Publicado por Poncho a las 23:16
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lunes, mayo 26, 2008
Nunca he dudado del poder de las palabras. Hay miles de formas de decir lo mismo. Pero dependiendo de las palabras seleccionadas, su efecto será completamente diferente. Una disculpa o una riña pueden realizarse de forma que no parezcan ni lo uno ni lo otro, logrando que el interlocutor (o lector) comprenda lo que se le desea transmitir e influyendo en su estado de ánimo. ¿Hay algo más hermoso que echarle una bronca a alguien de forma que no sólo te de la razón, sino que se muestre de acuerdo contigo?
Pero existe otro poder más oculto. Primigenio. Procedente de los albores del lenguaje. Un poder que las palabras generan por su propio sonido y estructura. El auténtico motivo de la poesía, no es decir las cosas bellas, sino generar respuestas en el ser humano antes por la forma que por el contenido.
Yo tengo dos letanías que me acompañan en los momentos malos. Me ofrecen consuelo y me distraen del problema que me preocupa. La primera es de Cervantes, autor cuyas palabras tienen un poder que no es necesario que explique.
En todo hay cierta, inevitable muerte;
mas yo, ¡milagro nunca visto!, vivo
celoso, ausente, desdeñado y cierto
de las sospechas que me tienen muerto.
Este fragmento de un poema me acompaña ante los absurdos de la vida. Al repetirlo una y otra vez, consigo ubicarme en la frontera entre la realidad y la ficción, que es donde realmente ocurren las cosas que nos afectan.
Mi otra letanía es una adquisición reciente. Breve y en inglés, pero igualmente efectiva.
Ride that wave.
Igualmente válida para conciliar el sueño, aprovechando los pulsos hipnagógicos que fluyen desde los resquicios de nuestra mente de lagarto, que para soportar un viaje en avión con excesivas turbulencias.
Admito proposiciones para otras letanías.
Publicado por Poncho a las 21:48
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lunes, abril 21, 2008
Sabía que me saldrían canas. Lo que no sabía es que lo harían por la nariz...
Publicado por Poncho a las 13:40
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miércoles, febrero 27, 2008
He soñado que me robaban el coche. Para solucionarlo, le encargaba a un chino 500 muñecos de navidad tamaño pingüino gigante. Tras un duro regateo, el chino accedió a bajar el precio, pero a cambio de sustituir la nariz y la boca del muñeco por un tapón de coca-cola y una patata frita.
Desperté con una gran carcajada. Lo cual es muy extraño porque hace tiempo que no me río.
Pensé en despertar a P y contarle el chiste del chino, pero dí media vuelta y seguí durmiendo. Creo que fue una buena elección.
Publicado por Poncho a las 11:00
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jueves, febrero 14, 2008
Why shut down when you can shoot down
Publicado por Poncho a las 20:18
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Hay furgonetas con los cristales tintados, cuyos ocupantes, mientras esperan en los semáforos, amenazan a los transeuntes. Son los mismos, lo sabe todo el mundo, que venden globos en las ferias y secuestran a niños, pero aparentemente no le importa a nadie. Nada más que cuando una de su fechorías es demasiado evidente, nos rasgamos las vestiduras y los juzgamos en público. Pero eso sólo sucede muy de cuando en cuando. Mientras tanto, siguen recorriendo despacio las calles vacías de las urbanizaciones, en las afueras de las ciudades, buscando una presa con la que seguir saciando el ansia del motor que les mueve.
Publicado por Poncho a las 14:18
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martes, febrero 12, 2008
Un ruso borracho bebe de la botella, mientras grita al cielo insultos incomprensibles. Sus ojos, hielos perdidos, me recuerdan en lo que se está convirtiendo mi mundo. La calle, otrora tranquila, es ahora territorio hostil. Padres divorciados hipotecan su domingo paseando a sus hijos tristes. Ahogan el aburrimiento con comida basura y hacen cola junto a parejas de yonquis en pleno viaje. Sus ojos en blanco se cierran, a la vez que tratan de mantener un discusión. Yo me pregunto si no será esa la solución, si no tendrán ellos razón mientras nosotros nos empeñamos en librar una batalla perdida de antemano.
Un pequeño autobús recorre la avenida, sus ocupantes son retrasados mentales mayores de veinte años. Sus ojos parecen mirar en varias direcciones simultáneamente, como si no entendieran lo que ven, o quizás es que lo entienden demasiado bien. Uno de ellos tiene una hoja de papel arrugada metida en la boca. Sobresale como un clavel que hubiese reventado bajo la presión de sus dientes. Sus compañeros se la han metido para dejar de oírle.
Publicado por Poncho a las 15:21
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domingo, febrero 10, 2008
Alcohol en un pequeño vaso es la lente adecuada para ver el mundo desde la bola del hamster. Camina hacia delante. No pienses. Pensar sólo serviría para hundirte en el alquitrán, junto a los huesos de dinosaurio, antes de tiempo. Gasta, gana, gasta, gasta, pide, gasta. Necesito. Lo necesito. Más. Otra vez. Te lo contaré con detalles. Y tu, ¿qué tal? (quiero decir, cuánto).
Putos desgraciados. Si no fuera porque os odio, me daríais pena.
Publicado por Poncho a las 00:55
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sábado, enero 19, 2008
¿Sabes esa sensación de tener en la punta de la lengua una novela en tres volúmenes...?
Publicado por Poncho a las 01:24
viernes, diciembre 21, 2007
Los Estados Unidos no dejan de sorprenderme. Esta semana he descubierto dos nuevos inventos de esa gran nación. El primero son las Casas del Infierno (Hell Houses). Éstas son la versión cristiano-fundamentalista del tren de la bruja. En ellas se representan escenas sobre los comportamientos que nos harán candidatos al infierno. Por diez módicos dolares (los menores pagan la mitad), podemos asistir a precisas recreaciones de los efectos del alcoholismo y la drogadicción, violencia doméstica, abusos sexuales, homosexualidad, aborto, adulterio y sexo prematrimonial entre otras aberraciones. Fantástico para pasar una entrañable y familiar tarde de domingo.
El segundo invento es el Anal bleaching. Casi no me atrevo a traducirlo: blanqueamiento anal. Sí. No es más ni menos lo que parece. La penúltima moda de mutilación/adorno corporal consiste en blanquear ese privado círculo de piel. Dicen las malas lenguas (a saber donde las habrán metido) que algunas de las pioneras de esta práctica han sido Courteney Cox (Monica de Friends) y Katie Holmes (la mamá de TomKitten). Pero ellas lo niegan diciendo que sólo han ido al salón de belleza a hacerse la brasileña.
No se descarta que en el próximo Halloween, algunas hell houses del medio oeste incluyan el anal bleaching entre las representaciones del pecado.
Publicado por Poncho a las 18:46
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sábado, diciembre 01, 2007
Imágenes Perturbadoras I
La aeromoza está llorando.
Publicado por Poncho a las 13:24
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jueves, noviembre 22, 2007
El comentario de Ula en un post anterior, me ha hecho pensar. No estoy de acuerdo.
Quien nada tiene que perder, nada teme.
Los años no traen el miedo, pero traen otras cosas que te pueden hacer descubrirlo.
Yo conocí lo que es el miedo tras tener hijos. Miedo a no poder protegerlos, a no poder darles todo lo que necesiten.
Miedo a la incertidumbre, a que, sin importar que estés haciendo las cosas bien, suceda algo que escapa a tu control, algo que no depende de ti, y que destroza todo lo que quieres y por lo que has luchado.
Miedo a la estupidez de otros a los que no les importa su vida, y por supuesto, mucho menos, la tuya.
El otro que está dentro de mi, es un desconocido al que no temo. No me gusta, pero no le temo.
Publicado por Poncho a las 17:47
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miércoles, noviembre 14, 2007
La TDT hace extraños compañeros de plató (o a lo mejor no tan extraños)
Si le llegan a decir a U-r-d-a-z-i que acabaría comentando el divorcio de una infanta con Terelu...
Publicado por Poncho a las 22:31
Hace unos días sentí miedo por segunda vez en mi vida. No el miedo que puedas tener a volar, que también lo tengo. Aunque yo no soy cantante (bien mirado, él tampoco) y no tengo los miles de euros que cuestan las toneladas de combustible derrochadas al abortar el vuelo. Decía que no era el miedo cuando pensamos en el miedo. No era el miedo que tienes al ver una película, ni el miedo a que te suceda algo cuando caminas por la calle en plena noche. Era un miedo cerval, rayando el pánico que impide el raciocinio. Miedo a no poder proteger a los que quieres, a no saber cómo manejar la situación.
Afortunadamente todo acabó bien, pero desde entonces vivo con angustia. ¿Y si vuelve a suceder? ¿y si la próxima vez no tenemos tanta suerte? Me descubro buscando las salidas de emergencia de los lugares que visito. Evaluando la altura de la ventana de la habitación del hotel desde el que escribo. No me gusta. No soy yo. O mejor dicho. Yo no era así.
La vida es una hiena de las peores. Se ríe de tí y se alimenta de tus huesos. Ya puedes planear tu vida con toda diligencia, respetar las normas, no comer grasas ni beber cafeína. No fumar en tu lugar de trabajo, ni en ningún otro. No hablar por el móvil mientras conduces, y, por supuesto, no tocar el GPS. Todo eso da igual, ya que hagas lo que hagas, un militar perturbado te apuñalará en el Metro, una señora portuguesa chocará en dirección contraría contra tí, o tu vecino quemará el edificio en el que vives.
Publicado por Poncho a las 22:14
miércoles, octubre 31, 2007
Y entonces dije. Vamos a intentarlo.
Publicado por Poncho a las 22:52
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jueves, octubre 25, 2007
Cuando pienso en los años de universidad, una de las primeras cosas que me vienen a la cabeza son las infinitas noches de estudio. Jornadas que comenzaban hacia medianoche y se prolongaban hasta las cuatro o cinco de la mañana. Digamos que en aquella época yo no madrugaba demasiado y no tenía mucho trato con mi familia. La verdad es que lo recuerdo con cariño y algo de nostalgia. Invariablemente unidas al café, los apuntes y el zumbido del ordenador, recuerdo dos voces. Una de ellas la de la conocidísima Gemma Nierga, que en aquella época hacía el programa (que todavía existe) "Hablar por hablar". La otra, menos conocida, pero, para mí, aún más entrañable, era la de Juan Antonio Cebrían, que entonces dirigía el fabuloso "Turno de noche". Su voz, optimista y amable, era un aliciente (de los pocos) que me animaba a empezar la jornada de estudio y que hizo que le tuviera un cariño especial. Al volver a la vida diurna dejé de escucharlo con asiduidad, pero de vez en cuando le oía en alguna entrevista o colaboración con otro programa. Era como encontrarse con un viejo amigo. Hoy he visto su cara por primera vez. En un periódico que nunca leo. En la foto de su obituario. Un infarto traidor se lo ha llevado sin avisar, sin darle tiempo a despedirse. Estoy triste y angustiado. Sólo tenía seis años más que yo.
La vida es una serpiente cruel y traicionera.
Publicado por Poncho a las 13:41
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viernes, octubre 19, 2007
Pre-precampaña blues.
Anuncio públicamente mi renuncia hasta nuevo aviso, a leer, ver o escuchar cualquier noticia relacionada con la actualidad política nacional. Escucharé más música, y leeré los periódicos de atrás adelante hasta la mitad.
He dicho.
Publicado por Poncho a las 09:07