En todo hay cierta inevitable mala leche. En las caras de desprecio de los adolescentes en el andén del metro. A ti, que eras como ellos hace cuatro días. En la presentadora del telediario, con su mirada altiva procedente de unos rasgos perfectos de imagen sintética. En la mandíbula de una presidenta autonómica que mastica chicle igual que masticaría a los ciudadanos que no la votan. En la pluma de un escritor de moda que tras tres horas de mascar polvo bajo un sol de justicia sólo acierta a garabatear un firma ininteligible y ni siquiera la acompaña de tu nombre.
Mas yo, milagro inesperado. Vivo acorazado, impermeable y ajeno al mal karma que me pone enfermo.
martes, junio 17, 2008
Publicado por Poncho a las 17:25
Etiquetas: gritos en el desierto
lunes, mayo 26, 2008
Nunca he dudado del poder de las palabras. Hay miles de formas de decir lo mismo. Pero dependiendo de las palabras seleccionadas, su efecto será completamente diferente. Una disculpa o una riña pueden realizarse de forma que no parezcan ni lo uno ni lo otro, logrando que el interlocutor (o lector) comprenda lo que se le desea transmitir e influyendo en su estado de ánimo. ¿Hay algo más hermoso que echarle una bronca a alguien de forma que no sólo te de la razón, sino que se muestre de acuerdo contigo?
Pero existe otro poder más oculto. Primigenio. Procedente de los albores del lenguaje. Un poder que las palabras generan por su propio sonido y estructura. El auténtico motivo de la poesía, no es decir las cosas bellas, sino generar respuestas en el ser humano antes por la forma que por el contenido.
Yo tengo dos letanías que me acompañan en los momentos malos. Me ofrecen consuelo y me distraen del problema que me preocupa. La primera es de Cervantes, autor cuyas palabras tienen un poder que no es necesario que explique.
En todo hay cierta, inevitable muerte;
mas yo, ¡milagro nunca visto!, vivo
celoso, ausente, desdeñado y cierto
de las sospechas que me tienen muerto.
Este fragmento de un poema me acompaña ante los absurdos de la vida. Al repetirlo una y otra vez, consigo ubicarme en la frontera entre la realidad y la ficción, que es donde realmente ocurren las cosas que nos afectan.
Mi otra letanía es una adquisición reciente. Breve y en inglés, pero igualmente efectiva.
Ride that wave.
Igualmente válida para conciliar el sueño, aprovechando los pulsos hipnagógicos que fluyen desde los resquicios de nuestra mente de lagarto, que para soportar un viaje en avión con excesivas turbulencias.
Admito proposiciones para otras letanías.
Publicado por Poncho a las 21:48
Etiquetas: autojustificaciones, gritos en el desierto, sombras en el espejo
lunes, abril 21, 2008
Sabía que me saldrían canas. Lo que no sabía es que lo harían por la nariz...
Publicado por Poncho a las 13:40
Etiquetas: gritos en el desierto
miércoles, febrero 27, 2008
He soñado que me robaban el coche. Para solucionarlo, le encargaba a un chino 500 muñecos de navidad tamaño pingüino gigante. Tras un duro regateo, el chino accedió a bajar el precio, pero a cambio de sustituir la nariz y la boca del muñeco por un tapón de coca-cola y una patata frita.
Desperté con una gran carcajada. Lo cual es muy extraño porque hace tiempo que no me río.
Pensé en despertar a P y contarle el chiste del chino, pero dí media vuelta y seguí durmiendo. Creo que fue una buena elección.
Publicado por Poncho a las 11:00
Etiquetas: gritos en el desierto
jueves, febrero 14, 2008
Hay furgonetas con los cristales tintados, cuyos ocupantes, mientras esperan en los semáforos, amenazan a los transeuntes. Son los mismos, lo sabe todo el mundo, que venden globos en las ferias y secuestran a niños, pero aparentemente no le importa a nadie. Nada más que cuando una de su fechorías es demasiado evidente, nos rasgamos las vestiduras y los juzgamos en público. Pero eso sólo sucede muy de cuando en cuando. Mientras tanto, siguen recorriendo despacio las calles vacías de las urbanizaciones, en las afueras de las ciudades, buscando una presa con la que seguir saciando el ansia del motor que les mueve.
Publicado por Poncho a las 14:18
Etiquetas: gritos en el desierto, imágenes perturbadoras
martes, febrero 12, 2008
Un ruso borracho bebe de la botella, mientras grita al cielo insultos incomprensibles. Sus ojos, hielos perdidos, me recuerdan en lo que se está convirtiendo mi mundo. La calle, otrora tranquila, es ahora territorio hostil. Padres divorciados hipotecan su domingo paseando a sus hijos tristes. Ahogan el aburrimiento con comida basura y hacen cola junto a parejas de yonquis en pleno viaje. Sus ojos en blanco se cierran, a la vez que tratan de mantener un discusión. Yo me pregunto si no será esa la solución, si no tendrán ellos razón mientras nosotros nos empeñamos en librar una batalla perdida de antemano.
Un pequeño autobús recorre la avenida, sus ocupantes son retrasados mentales mayores de veinte años. Sus ojos parecen mirar en varias direcciones simultáneamente, como si no entendieran lo que ven, o quizás es que lo entienden demasiado bien. Uno de ellos tiene una hoja de papel arrugada metida en la boca. Sobresale como un clavel que hubiese reventado bajo la presión de sus dientes. Sus compañeros se la han metido para dejar de oírle.
Publicado por Poncho a las 15:21
Etiquetas: gritos en el desierto
domingo, febrero 10, 2008
Alcohol en un pequeño vaso es la lente adecuada para ver el mundo desde la bola del hamster. Camina hacia delante. No pienses. Pensar sólo serviría para hundirte en el alquitrán, junto a los huesos de dinosaurio, antes de tiempo. Gasta, gana, gasta, gasta, pide, gasta. Necesito. Lo necesito. Más. Otra vez. Te lo contaré con detalles. Y tu, ¿qué tal? (quiero decir, cuánto).
Putos desgraciados. Si no fuera porque os odio, me daríais pena.
Publicado por Poncho a las 00:55
Etiquetas: gritos en el desierto
viernes, diciembre 21, 2007
Los Estados Unidos no dejan de sorprenderme. Esta semana he descubierto dos nuevos inventos de esa gran nación. El primero son las Casas del Infierno (Hell Houses). Éstas son la versión cristiano-fundamentalista del tren de la bruja. En ellas se representan escenas sobre los comportamientos que nos harán candidatos al infierno. Por diez módicos dolares (los menores pagan la mitad), podemos asistir a precisas recreaciones de los efectos del alcoholismo y la drogadicción, violencia doméstica, abusos sexuales, homosexualidad, aborto, adulterio y sexo prematrimonial entre otras aberraciones. Fantástico para pasar una entrañable y familiar tarde de domingo.
El segundo invento es el Anal bleaching. Casi no me atrevo a traducirlo: blanqueamiento anal. Sí. No es más ni menos lo que parece. La penúltima moda de mutilación/adorno corporal consiste en blanquear ese privado círculo de piel. Dicen las malas lenguas (a saber donde las habrán metido) que algunas de las pioneras de esta práctica han sido Courteney Cox (Monica de Friends) y Katie Holmes (la mamá de TomKitten). Pero ellas lo niegan diciendo que sólo han ido al salón de belleza a hacerse la brasileña.
No se descarta que en el próximo Halloween, algunas hell houses del medio oeste incluyan el anal bleaching entre las representaciones del pecado.
Publicado por Poncho a las 18:46
Etiquetas: gritos en el desierto
jueves, noviembre 22, 2007
El comentario de Ula en un post anterior, me ha hecho pensar. No estoy de acuerdo.
Quien nada tiene que perder, nada teme.
Los años no traen el miedo, pero traen otras cosas que te pueden hacer descubrirlo.
Yo conocí lo que es el miedo tras tener hijos. Miedo a no poder protegerlos, a no poder darles todo lo que necesiten.
Miedo a la incertidumbre, a que, sin importar que estés haciendo las cosas bien, suceda algo que escapa a tu control, algo que no depende de ti, y que destroza todo lo que quieres y por lo que has luchado.
Miedo a la estupidez de otros a los que no les importa su vida, y por supuesto, mucho menos, la tuya.
El otro que está dentro de mi, es un desconocido al que no temo. No me gusta, pero no le temo.
Publicado por Poncho a las 17:47
Etiquetas: autojustificaciones, gritos en el desierto
jueves, octubre 25, 2007
Cuando pienso en los años de universidad, una de las primeras cosas que me vienen a la cabeza son las infinitas noches de estudio. Jornadas que comenzaban hacia medianoche y se prolongaban hasta las cuatro o cinco de la mañana. Digamos que en aquella época yo no madrugaba demasiado y no tenía mucho trato con mi familia. La verdad es que lo recuerdo con cariño y algo de nostalgia. Invariablemente unidas al café, los apuntes y el zumbido del ordenador, recuerdo dos voces. Una de ellas la de la conocidísima Gemma Nierga, que en aquella época hacía el programa (que todavía existe) "Hablar por hablar". La otra, menos conocida, pero, para mí, aún más entrañable, era la de Juan Antonio Cebrían, que entonces dirigía el fabuloso "Turno de noche". Su voz, optimista y amable, era un aliciente (de los pocos) que me animaba a empezar la jornada de estudio y que hizo que le tuviera un cariño especial. Al volver a la vida diurna dejé de escucharlo con asiduidad, pero de vez en cuando le oía en alguna entrevista o colaboración con otro programa. Era como encontrarse con un viejo amigo. Hoy he visto su cara por primera vez. En un periódico que nunca leo. En la foto de su obituario. Un infarto traidor se lo ha llevado sin avisar, sin darle tiempo a despedirse. Estoy triste y angustiado. Sólo tenía seis años más que yo.
La vida es una serpiente cruel y traicionera.
Publicado por Poncho a las 13:41
Etiquetas: gritos en el desierto
jueves, septiembre 27, 2007
Es curioso comprobar que hay cosas que nunca cambian. p acaba de empezar primero de primaria y su profesora es un calco de las que me daban clase cuando yo tenía su edad. Gafas de pasta, laca por kilos, anillos de piedras y pendientes de perlas. Desgraciadamente el aspecto no es lo único que tiene de las seños de antes. Mi cruz, durante toda la EGB, fue la caligrafía. Tenía (y tengo) una letra horrible. Irregular y muy distinta a las letras de las caligrafías Rubio, que eran (y resulta que siguen siendo) el modelo a seguir. Dejando al margen que dicha caligrafía siempre me pareció bastante hortera, todavía tengo escalofríos cuando recuerdo aquellas tapas verdes y los dibujos de las formas correcta e incorrecta de agarrar el lapicero.
Parecía que lo único que importaba a las profesoras era que tuvieses una letra bonita, pues no dejaban pasar la oportunidad de recordarte lo mal que escribías. Bien de palabra o con métodos tan pedagógicos como mantenerte escribiendo a lápiz, cuando tus compañeros lo hacían, dependiendo de su pericia, con bolígrafo o, incluso, con rotulador. Parecía que, el que yo nunca tuviera faltas de ortografía o que fuese capaz de redactar mejor que la mayoría de mis compañeros no era importante. Sólo importaban los garabatos.
p se parece mucho a mí. Lo malo es que lo demás también se parece a como era hace treinta años. A su profesora no parece importarle que sea una niña despierta, con curiosidad, que lee como si tuviera varios años más de los que tiene y que es capaz de situar en el mapa las ciudades más importantes del país. No. Todo eso no importa. Sólo la jodida caligrafía.
Pensándolo bien no se de qué me extraño. Todo lo demás también es así. En este mundo sólo importa lo que pareces, no lo que eres.
Publicado por Poncho a las 18:38
Etiquetas: gritos en el desierto
lunes, julio 30, 2007
Quince megas de mensajes de correo,
casi todos quejas de clientes.
Tengo más feeds pendientes
que llamadas en el TreoTM.
Oh, la vuelta de las vacaciones,
más de mil millones de marrones.
Publicado por Poncho a las 17:19
Etiquetas: gritos en el desierto
lunes, marzo 26, 2007
Una vez más, un post de La Bella Teoría me tiene durante varios minutos mirando al vacío. En esta ocasión, el autor reflexiona sobre la existencia de cualquier combinación arbitraria de números dentro de los infinitos decimales de Pi, sobre cómo podría utilizarse esa característica para codificar, por ejemplo, cualquier texto haciendo corresponder sus caracteres o palabras con secuencias numéricas y sus posiciones dentro de los decimales de Pi.
Esto, unido a la idea de que la información contenida en el azar debe ser neutra, es decir, el azar no puede aportar información, nos lleva a que no sólamente las obras de Shakespeare y El Quijote estarán contenidos en el número Pi, sino que también lo estarán todas las demás obras literarias, incluso las que todavía no se han escrito, ya que paradójicamente, de otra manera, el número Pi sería sospechosamente antinatural. Y eso sí que no...
¿Por qué contentarse con la literatura, o la música, o cualquier arte? ¿Por qué quedarse en el reino de las ideas?
Si Pi es la relación entre radio y perímetro de una circunferencia y la circunferencia es la figura geométrica más perfecta, ¿no podría existir un Pi que relacione distintos parámetros de nuestro universo físico y por ende a nosotros mismos?
¿Quiere esto decir que todo lo que existe, ha existido o existirá se encuentra predefinido en una constante matemática y que, por lo tanto, da igual que yo esté (o no) escribiendo esto, ya que haga lo que haga nada (o todo) cambiará?
Publicado por Poncho a las 16:46
Etiquetas: gritos en el desierto
lunes, marzo 19, 2007
Una de mis escenas favoritas en La Edad de la Inocencia es el encuentro entre Archer y Ellen en la casa de campo de los van der Luydens. Es uno de los breves momentos en el que los enamorados imposibles se encuentran a solas, y quizá en el que más se acercan el uno al otro, incluso llegando a tener una discusión de esas que sólo se pueden tener con las personas que más importan en tu vida. La escena termina con un anticlimax de una crueldad que Archer no se merece:
[Ella no contesta. El sigue mirando por la ventana. Entonces la siente, acercándose por detrás. Sus brazos le rodean el cuello, abrazándole. El se da la vuelta... y la ve tal como es en realidad, todavía sentada en la silla. Archer vuelve a mirar por la ventana y ve a Julius Beaufort llegando por el camino de la casa.]
Beaufort es la antítesis de Archer, ostentoso, arrogante, extrovertido y con la sensibilidad de un ladrillo. Por supuesto, colma de atenciones a Ellen, y aunque ella deja bien claro que esto no le agrada, Archer siente cómo Beaufort se entromete en un terreno que debería ser sólo suyo, aunque tampoco tenga ningún derecho sobre Ellen. Paradojas del amor.
Cuando Beaufort entra en la casa, al principio no ve a Archer y comienza a contarle a Ellen que ha encontrado una casa perfecta para ella. Lo dice, como todo lo que hace ese hombre, dotando a cada palabra de una doble intención que lo convierte aún en más odioso de lo que es. Finalmente, Beaufort ve a Archer y se produce un incómodo silencio. Eso es algo que los tipos como Beaufort no soportan, el silencio. Por qué callarse cuando podrías estar diciendo algo para que se fijen en ti, así que Beaufort dirigiéndose a Archer dice... y por fin llegamos al motivo de este post. En la versión original, Beaufort dice:
-Well, Archer, rusticating?
Que en una traducción libre sería algo como:
-Qué tal Archer, de campo?
Qué no es más que un inocente smalltalk o chitchat, el equivalente yanqui a hablar del tiempo o de cualquier cosa intrascendente.
Sin embargo, en el doblaje español, cuando Beaufort ve a Archer le dice:
-Qué pasa Archer, está melancólico?
Que cambia completamente la intención, pero que es mucho más agresivo y definitorio de qué tipo de personas son las involucradas en la conversación.
Así me siento desde hace una temporada. Melancólico en el sentido Newland Archer. No hay nada que vaya especialmente mal en mi vida, pero no me encuentro animado. Nada de lo que hago me satisface. Me hago mayor y mi cuerpo se resiente (aunque estoy bastante seguro de que muchos de mis achaques están favorecidos por mi estado de ánimo). Mis hijos crecen y veo que tienen los mismos defectos que yo. Por supuesto tienen muchas virtudes, pero no soy capaz de apreciarlas. Me veo dentro de una década, haciendo lo mismo que hago ahora, pero con diez años menos por delante.
No, definitivamente no me encuentro bien.
Publicado por Poncho a las 12:41
Etiquetas: gritos en el desierto
jueves, febrero 22, 2007
He soñado que compraba una PSP (con la intención de devolverla) y un iPod (ese sí, para quedarmelo).
No se que interpretación tiene el soñar con microelectrónica.
Ultimamente noto como si yo no fuera yo, como si fuera otra persona, como si nunca estuviese en el sitio correcto.
Para terminar de acrecentar esta sensación, una chica de mi edad me ha tratado de usted.
…¿o no era de mi edad? ¿o no era yo?
Publicado por Poncho a las 10:28
Etiquetas: gritos en el desierto, sueños
martes, febrero 20, 2007
Anoche soñé que un tipo me robaba el móvil y yo le daba una paliza de muerte para recuperarlo. No lo conseguía.
He perdido la cuenta de las noches que llevo soñando cosas desagradables.
No me gusta el tipo de persona en la que me estoy convirtiendo.
Publicado por Poncho a las 23:51
Etiquetas: gritos en el desierto, sueños
