sábado, octubre 23, 2004

Lo mejor de mi semana en Madrid fue la cena del martes. Salí con unos amigos (M y F), nos metimos en el coche sin saber a dónde ir. Tras cinco minutos de discusión, M propuso ir al restaurante de comida rápida de Ferrán Adriá. Nos pareció buena idea, pero ninguno de nosotros sabía dónde quedaba. Sabíamos que estaba cerca de un hotel... Meliá, ¿o era un NH? Como no era cuestión de comenzar a vagar por la ciudad, decidimos hacer las cosas bien y llamamos a uno de esos servicios de información telefónica.
-¿Que cómo se llama el restaurante?... Fast Good (o algo parecido).
-Ningún problema, la dirección es Padre Damián 23
-Muchas gracias...(cuelga el teléfono) ¿pero dónde coño es esa calle?

Por suerte, F es un tipo de recursos, y propuso parar en una gasolinera. Yo pensé que para preguntar, valdría cualquier sitio, pero él tenía otros planes.
Paramos en la gasolinera, bajamos del coche y F entró en la tienda. Se dirigió al expositor de planos y mapas, y allí, sin cortarse un duro, abrió un callejero de Madrid y buscó la calle. Nadie le dijo nada!

La cuestión es que está muy cerquita del Bernabeu, en el Eurobuilding. Así que para allá nos dirigimos.
El local es agradable, con decoración moderna. Tiene un expositor en el que puedes escoger ensaladas, bebidas (tienen botellitas de vino para una persona) y macedonias de fruta. También tiene una barra en la que puedes pedir el resto de comidas y el plato del día, que fue lo que yo me comí. Aquél día, el plato eran huevos fritos con patatas y paletilla ibérica. Las patatas muy bien fritas, los huevos con puntilla y la paletilla excepcional. Todo por 7,20 euros.
Bastante bien, para ser Madrid..., y muchísimo mejor que la comida de aquel día, que había sido un espantoso bocadillo del Pan's and company comido de mala manera en el Metro.

martes, octubre 19, 2004

Es curioso cómo funciona la mente humana. Años viendo la promoción, estreno y reposición de esos engendros de películas que son "Los angeles de Charlie" y nada. Pero veo un programa de humor en el que hacen una parodia de los ángeles originales (Kate, Farrah y Jaclyn... mi favorita era Jaclyn) y de repente llegan a mi cabeza cantidad de estímulos recordándome aquella emblemática serie. Porque "Los ángeles..." tenía la mezcla perfecta de acción, humor y sexo que un preadolescente (qué coño! un niño) de finales de los setenta podía desear.Y entre todos los recuerdos, un capítulo que me marcó especialmente. Era un episodio en el que Los ángeles entraban en prisión, camufladas como delincuentes comunes, con el fin de destapar una trama de corrupción y prostitución dentro de la prisión. Soberbio. Una carcel de mujeres, en la que las prisioneras, nada más llegar, eran desnudadas, registradas y duchadas. Eso sí, sin mostrar un centímetro cuadrado de piel más de lo necesario. Cuántos sueños eróticos habré tenido a cuenta de aquel capítulo, de hecho, muchos años después cuando tuve edad para ver películas eróticas (qué coño! pornográficas), siempre me atraían las películas de tema carcelario, pero nunca encontré ninguna que me provocase más que aquél capítulo.


Por si fuera poco, aquel épico episodio tenía una co-protagonista que años después se hizo famosa, muy famosa. Mis amigos pensaba que les estaba vacilando cuando les decía que yo, a aquella tía que salía en 9 semanas y media la había visto en Los ángeles de Charlie!

viernes, octubre 15, 2004

Tengo el ánimo más bajo que el tupé de Torrebruno. Ultimamente me acuerdo de muchas cosas de mi infancia. La mayor parte de las veces las recuerdo con tristeza, y algunas, me obligo a parar y no seguir recordando, porque de repente tengo miedo de seguir por un camino determinado. Tengo miedo a recordar, pero no se el qué.

Hace dos días, murió mi bisabuela. Ya tenía 100 años, y nunca había tenido demasiado trato con ella, pero siempre estaba ahí. Era como una presencia eterna para toda la familia. Ella nos había visto nacer a todos, y se recordaba cosas que nadie más alcanzaba. En los últimos años, una de sus mayores alegrías era ver a p. Siempre le gustaron los niños, jugar con ellos y provocarles. Pero creo que nunca había estado tan entusiasmada con un pequeño como lo estuvo con p.

En el velatorio, aguanté mucho mejor de lo que pensaba. Pese a la presencia del ataud tras un cristal, las personas que no conocía y los trajes de luto de la familia. Aguanté bastante bien hasta que vi la esquela, donde vi una palabra que me dejó impresionado. En el párrafo donde dice que la familia no te olvida... "...nietos, biznietos, tataranieta y demás familia."
Me impresionó ver la palabra tataranieta y darme cuenta de que se refiere a p. ¿Por qué mi pequeña tiene que salir nombrada en un papel tan macabro?
La vida es una mierda, pero es lo único que tenemos. Cómo no voy a estar deprimido...

viernes, octubre 08, 2004

Cada vez aprecio más los viernes.
Hoy el trabajo no ha ido del todo mal.
El avión casi sale en hora.
Me han dicho que tendré que trabajar mañana, pero será poco, espero. (Es horrible, ya no me extraña nada de este trabajo)
Como es un día señalado (inicio de puente), el aeropuerto estaba hasta arriba, y mi billete, oh sorpresa, tuvo que ser en clase Business, lo cual me ha permitido retomar una vieja costumbre de cuando Iberia ofrecía bebidas a los meros turistas. Me he bebido de un tirón una mini botella de Ribera del Duero que me ha causado tal estado de euforia, que la aproximación al aeropuerto, que siempre se hace inclinando el avión demasiado para mi gusto y entre desagradables turbulencias, casi resultó divertida.
P está preciosa.
p está encantadora.
Tengo una familia increible, y me acabo de tomar un whisky.
Buenas noches...

miércoles, octubre 06, 2004

Me pregunto cuándo me dará alguna alegría este trabajo...

La barriga de P sigue creciendo y, aunque se encuentra un poco pachucha, está preciosa!
p va encantada al colegio. Ya ha comenzado a ir por la tarde, lo ha tomado con ganas, y va contentísima.

Y yo me paso la mayor parte del tiempo fuera de casa, lo cual contribuye a deteriorar mi estado de ánimo.
He tratado de analizar friamente qué es lo que me pasa, y creo que tras todos los problemas laborales, lo que realmente me preocupa es estar perdiéndome algo tan bonito. Cada segundo que paso con ellas no tiene precio, por eso me siento tan mal cuando me lo niegan.
En fin, peor están en Osetia del norte (o del sur)

Por otra parte, no se si serán los nervios del trabajo que me atacan al estómago, o que tengo un embarazo histérico, porque vomito todas las mañanas (hoy en el aeropuerto).
Por cierto, he compartido fila de asiento en el avión con una monja, la cual se ha adueñado completamente del apoyabrazos y no me ha dejado apoyar ni la puntita del codo en todo el viaje. Siempre he pensado que muchas monjas, amparándose en su special status, son bastante maleducadas...

viernes, octubre 01, 2004

Pues estoy posteando gracias a que la red wireless de la sala vip del aeropuerto no está demasiado bien asegurada.
Es sólo para hacer gasto.
Hehe.

Llegó el viernes.
Toca sacar mi esqueleto de debajo de la escalera...

jueves, septiembre 30, 2004

Para tratar de animarme un poco, mi amiga A (mi compañera de salidas metrosexuales por Madrid), decidió sacarme a tomar unas cañas y comer algo. La verdad es que me vino de maravilla. Gracias A :)
La última vez que P estuvo en Madrid, descubrió un interesante local en Jorge Juan 52, que ayer A y yo fuimos a explorar.
Se trata de un sushi bar llamado "JJ52 Shuzo". Es un local realmente pequeño, alargado y con una barra que ocupa la mayor parte del espacio. Tras ella hay un amable japonés que te recibe con una sonrisa y una exquisita educación. La música es muy agradable y el ambiente del local es tranquilo y relajante. La especialidad del local (y me temo que único plato) es un combinado de sushi que incluye una rica ensalada verde con salsa de soja y nueve rollitos de arroz que el dueño del local (Shuzo?) prepara laboriosamente ante tus ojos.
El plato está realmente bueno, y por 5,50 euros (bebida incluida) me parece una oferta de las que no se puede rechazar. Así que si estás por la zona y te apetece un rico aperitivo oriental, no lo dudes y visita JJ52, le doy una nota máxima en la escala de Poncho.

martes, septiembre 28, 2004

Estoy pasandolo realmente mal.
Sólo recuerdo una vez en que me encontraba tan desanimado y desmoralizado. Aquella ocasión estuvo provocada por una depresión durante la universidad, y me costó años recuperarme.
Si me dejase llevar estaría llorando continuamente, pero como se que eso no va a solucionar nada trato de aguantar, aunque creo que lo único que consigo con eso es aumentar mi angustia vital.

He encontrado cierto alivio en un ejercicio mental que leí en una página web sobre métodos mnemónicos. Se trata del palacio de la mente. Este palacio es una casa imaginaria que uno construye en su memoria tratando de recrear los más pequeños detalles. Una vez "construida", la casa está lista para ser habitada y decorada. La finalidad de este ejercicio es obtener un recinto que pueda ser asociado con experiencias o datos dignos de ser recordados.
Mi casa mental, de momento, es pequeña y clásica. Tiene una decoración espartana, pero en el vestíbulo posee una hermosa escalera que conduce al segundo piso. Debajo de esa escalera, hay un hueco oculto, con una puerta disimulada que imita las molduras de madera blanca de la escalera. En su interior he encerrado a la parte de mi que más se ve afectada por los problemas y preocupaciones. De esa forma, la persona que ahora está sufriendo, no soy yo completamente, sino sólo una parte que no me importa demasiado.
Lo malo es que cada vez que entro en la casa, oigo los golpes que da mi otro yo rogando desesperadamente que lo saque de su encierro.

domingo, septiembre 26, 2004

Llevo dos semanas pasándolo realmente mal por culpa del trabajo, y todavía me queda por lo menos otra semana de sufrimiento. Trato de separar vida y trabajo, pero es difícil cuando la mayor parte del día está dedicada a resolver problemas que continuan acosándome por la noche. He discutido con compañeros que me han echado en cara cosas que yo desconocía de mi mismo. Es terrible cuando te das cuenta de que los demás te ven de una forma que tu ni siquiera sospechabas.
Estoy triste y deprimido.
Trato de no mostrarlo, pero se que acabaré explotando.

lunes, septiembre 20, 2004

Reconozco que estaba preocupado. Me preocupaba que un libro titulado con una figura poética, de un autor poco conocido y por si fuera poco español, se haya convertido en el éxito editorial del año. Traducido a decenas de idiomas y vendido por cientos de miles, "La sombra del viento" de Carlos Ruíz Zafón se ha extendido desde los escaparates a los transportes públicos y playas, haciéndo imposible durante este verano, el salir a la calle y no ver a alguien en posesión de un ejemplar.
Me preocupaba porque en realidad no sabía cuál era la temática del libro. Por algún prejuicio estúpido, suponía que sería una especie de ensayo medianamente poético acerca de la levedad (insoportable) del ser. Y me parecía aterrador que toda esa gente, muchos de los cuales jamás leen, estuviese enganchada a un libro así.
La mayor parte de la gente opina que es un libro maravilloso y que es de lo mejor que han leido en años (algunos de ellos en decadas).
Decidí que tenía que leer ese libro. A esa decisión contribuyó la opinión de mi amigo R, quien tiene una facilidad pasmosa para llevar la contraria a la opinión general. R opina que el libro es poco más que una basura y que lo podría haber escrito él mismo.

Así que lo he leido, y me he quedado muy tranquilo. El libro cuenta una historia atractiva y que mantiene el interés bastante bien, al menos, a mi me lo mantuvo hasta que entendí cuál era el propósito de esa novela.
El autor, seguro que inconscientemente, ha escrito un libro para gente que nunca lee. Para ello ha utilizado recursos que le permiten introducir escenas de acción y sexo, junto a bombas lacrimógenas en forma de capítulo de folletín. Porque eso es lo que es esta novela: un folletín a la antigua usanza, una historia de amor imposible. Una radionovela escrita sobre papel: Supuestos muertos que resucitan, hermanos perdidos y reencontrados, maldad extrema y sobre todo ello, un canto a la amistad que al fin y al cabo es una forma de amor.

Me ha gustado. Pero no es el libro de mi vida. Es cursi por momentos y lo he encontrado demasiado largo en algunos pasajes, pero claro, una propiedad de los folletines es la cursilería y la excesiva longitud.

En fin, se puede leer, pero no estoy seguro de que lea los siguientes, ya que el autor amenaza con una trilogía ambientada en los mismos escenarios y con algunos personajes comunes.

viernes, septiembre 17, 2004

¡Va a ser niño!

(o eso nos ha dicho el médico)

martes, septiembre 14, 2004

He tenido una conversación con mi jefe.
Me ha llamado para interesarse por cómo me van las cosas (sabe que tengo más trabajo del que puedo manejar) y de paso darme otra tarea explicándome que no queda otro remedio, que tendré que hacerlo como pueda.
Ya me lo esperaba, pues desde hace tiempo, su trabajo ha pasado de "asignar tareas" a "repartir marrones". Lo que me ha inquietado ha sido la parte final de la conversación.
-¿Cuándo vas a pasar por Madrid? -me preguntó.
-Eeeeer, seguramente tendré que ir la semana que viene para el cliente X.
-Bien, entonces recuerda pasar por aquí, porque tengo algo para ti.
-Pero ¿qué es? -Dije pensando en la carta de despido, una multa...
-Un regalo. Te gustará.
-Aaaaah, bien, gracias.

Me ha inquietado mucho más que si me hubiese dicho el temido "tenemos que hablar". La verdad es que me ha intrigado. He estado pensando en qué puede ser, y lo único que se me ocurre es una solemne tontería con la que no voy a saber disimular mi cara de culo. En fin.

Temo a los griegos aun cuando ofrecen regalos.

P y p se llaman igual. Tienen el mismo nombre por mi culpa. Durante el embarazo, una vez que supimos que iba a ser una niña, decidimos que el nombre de nuestra hija sería C. Un nombre con mucho significado en el lugar donde vivo. La verdad es que a mi me parecía bien. P y yo estábamos de acuerdo, aunque había parte de la familia a la que no gustaba demasiado.
Estaba decidido. Sería C.
La cuestión es que en la sala de partos, un segundo después de que naciera la niña, vi su carita y aquellos enormes ojos que me miraban con curiosidad. La enfermera preguntó -¿Cómo se llama?
Yo me quedé como helado durante cinco segundos. No, la verdad es que no tenía cara de llamarse C.
-Se llama p. -Dije con voz firme.
-P estaba demasiado agotada para protestar, pero creo que aunque hubiese podido no lo hubiera hecho. Se que en el fondo, está orgullosa de que nuestra hija se llame igual que ella.

Hace unos días, P y yo tuvimos la charla de los nombres. Como todavía no sabemos el sexo de nuestro futuro bebé, hicimos una lista mixta. Decidimos que para niña nos gusta A y para niño J, aunque P está empeñada en que si es niño se llame igual que yo, cosa a la que me niego.
Eso sí, dije que me parecía absurdo ponerle el nombre sin conocer su cara. P me dijo que como se me ocurriera otra vez cambiarle el nombre mientras ella estaba fuera de combate me iba a acordar...
En España el nombre no se hace oficial hasta que inscribes al bebé en el registro civil, y como eso debe hacerse dentro de un corto plazo de tiempo, en el que la madre suele estar bastante pachucha, esa responsabilidad casi siempre cae sobre el padre. Ahora que lo escribo, me pregunto ¿qué pasaría si no inscribes al niño en el plazo estipulado? ¿no te lo puedes quedar? ¿lo devuelves a la tienda...?
Así que quién sabe, puede que tenga un arrepentimiento de última hora.

Una vez me contaron la historia de un hombre al que no convencía el nombre que habían escogido para su hijo. Este hombre inscribió al niño en el registro con otro nombre más de su agrado. En su casa nadie se enteró, y el niño creció con el nombre que habían elegido en primer lugar. Hasta que hubo que hacer trámites para matricular al niño en el colegio y la madre se enteró que su hijo se llamaba de otra forma.
Curioso.
Qué habrá sido de aquél padre.

domingo, septiembre 12, 2004

Ha sido un extraño aniversario de boda. Lo hemos celebrado hoy (en realidad ayer sábado), aunque el día oficial pasó hace unos días.
Por la mañana asistimos al bautizo del hijo de mi prima D. Mis primas, D y M,en realidad no son primas mías sino de mi madre, pero siempre las he considerado familia muy cercana, de hecho son personas a las que quiero y aprecio mucho. Aunque siento no decir lo mismo de algunos de sus novios/maridos y del resto de la familia de mi madre.
p se portó de maravilla, estuvo muy interesada por toda la liturgia, sobre todo en la parte del agua sobre la cabeza del bebé y creo que ha aparecido en todas las fotos.
P y yo, haciendo gala de la insociabilidad que me atribuye esta rama de la familia, desaparecimos rápidamente tras la ceremonia para disfrutar del resto del día juntos (p se quedó con su abuela). Dentro de unos días será el cumpleaños de P, así que aprovechamos para ir a comprar uno de sus regalos: una cafetera express con dispositivo para capuchinos. Ya no tengo excusa para no tomar café por las mañanas
Por la noche fuimos a cenar a uno de nuestros sitios favoritos y he pagado la cena más cara de toda mi vida. Espero que el año que viene pueda pagar una todavía más cara. Aunque tal como está el trabajo, no se, no se...
En el trabajo, estoy pasando también una época extraña. Hay crisis en el sector, pero tengo más trabajo que nunca. A ello influye el que S, mi compañero (y pese a ello, uno de mis mejores amigos), se haya casado hace unos días y haya enlazado su permiso por boda con su mes de vacaciones, con lo que estaré sin verle hasta mediados de octubre. En el trabajo solemos apoyarnos mutuamente en los momentos difíciles y desde que se ha ido, parece que todo va de mal en peor. Le echo de menos!!
El trabajo influye en mi vida, pero trato de evitarlo. Realmente, los problemas laborales han influido siempre en mi vida. Han definido mi estado de ánimo y han llegado a provocarme auténticos problemas. Ahora me gusta creer que he madurado y que sé separar mi vida profesional de la personal. Puede que no lo consiga siempre, pero lo intentó, así que todos los días, cuando termino mi jornada laboral, trato de no pensar en ella hasta el día siguiente, y haciendo eso, los fines de semana son maravillosos.
Ya cinco años, eso deben ser las bodas de cartón, o algo así. Ya hace cinco años que estamos casados, y han pasado en un suspiro. P y yo hemos hablado durante la cena como hacía mucho tiempo que no lo hacíamos, e inevitablemente, hemos hablado de otro aniversario bastante más luctuoso. ¿Dónde estabais vosotros el 11/09/2001? Nosotros estábamos camino de Turquía, con una extraña sensación a caballo entre el miedo y la incredulidad. No creo que olvide nunca aquel día.

viernes, septiembre 03, 2004

Planteemos un pequeño juego.
Supongamos que tenemos cinco bolas numeradas del 1 al 5 metidas dentro de una caja. Saquemos las bolas una por una, al azar y vayamos apuntando los números que salen. Obtendremos algo como:

4 2 3 5 1

Observemos la secuencia y fijémonos en si hemos sacado algún número en su posición natural. Si algún número de la secuencia está en su posición natural, diremos que es una secuencia válida.
En el ejemplo, vemos que el 2 y el 3 están en sus posiciones correctas por tanto, sería una secuencia válida.
Preguntémonos, cuántas secuencias válidas existen para N elementos. Es un problema de permutaciones. Como mi combinatoria está bastante oxidada y en cambio tengo bastante reciente el Perl, he hecho un pequeño script (con la ayuda del capítulo 4 apartado 19 del O'Reilly Perl Cookbook) que realiza el cálculo.
Antes de poner el script quiero comentar que ignoraré vilmente cualquier comentario que se refiera a la eficiencia y/o diseño del programa, ya que aunque en otros tiempos me hubiesen interesado sobremanera, estoy en una fase de mi vida en la que la eficiencia me da absolutamente igual...

#!/usr/bin/perl
for($i=1;$i<=$ARGV[0];$i++){ push @d,$i;}
$oks=0;$perms=0;
permute([@d],[]);
print "-------------\n";print $oks,"/",$perms,":",$oks*100/$perms,"%\n";
sub permute { my @items = @{ $_[0] }; my @perms = @{ $_[1] }; unless (@items) { print "@perms"; $perms++; if (ok(@perms)){ print " *"; $oks++; } print "\n"; } else { my(@newitems,@newperms,$i); foreach $i (0 .. $#items) { @newitems = @items; @newperms = @perms; unshift(@newperms, splice(@newitems, $i, 1)); permute([@newitems], [@newperms]); } }}
sub ok{ $cont=1; foreach (@_) { if ($cont==$_){ return 1; } $cont++; } return 0;}

Dios mio, parece del concurso de código ofuscado. Parece que al editor de blogger no le gustan los tabuladores. Da igual...
Lo hacemos funcionar:

$ ./permuta.pl 3
3 2 1 *
2 3 1
3 1 2
1 3 2 *
2 1 3 *
1 2 3 *
-------------
4/6:66.6666666666667%

Otra vez:

$ ./permuta.pl 5
5 4 3 2 1 *
4 5 3 2 1 *
5 3 4 2 1
3 5 4 2 1

(...Ñam...)

3 2 1 4 5 *
2 3 1 4 5 *
3 1 2 4 5 *
1 3 2 4 5 *
2 1 3 4 5 *
1 2 3 4 5 *
-------------
76/120:63.3333333333333%

Si lo ejecutamos para 6, 7, 8, etc, obtendremos:

6 455/720:63.1944444444444%
7 3186/5040:63.2142857142857%
8 25487/40320:63.2118055555556%
9 229384/362880:63.2120811287478%
10 2293839/3628800:63.2120535714286%

El PC en el que lo estoy ejecutando lleva más de una hora para realizar el cálculo cuando N=15, pero parece que la serie converge en algún punto cercano al 63%

Seguramente alguno de los lectores será un gurú de la combinatoria y podrá explicarme la forma elegante de realizar este cálculo y yo se lo agradeceré regalándole una de mis cuentas en gmail ;)

Una vez visto esto. Pensemos en un caso partícular:
Cuando N=30 y en vez de bolas utilizamos muestras de ADN recogidas en un accidente aereo y una vez hecho el experimento no conseguimos una secuencia válida.
Pueden haber sucedido dos cosas:
a) Los investigadores son unos auténticos ineptos.
b) No se ha hecho ningún análisis y han tenido mala suerte, ya que la probabilidad de acertar en al menos una de las muestras estaba a su favor.

Yo me inclino por la segunda posibilidad. Y he soltado todo este rollo para tratar de olvidar las palabras de una de las viudas que contaba no saber cómo explicarle a su hijo por qué no pueden enviar otro avión para recoger a su padre...
No somos nada...

jueves, septiembre 02, 2004

Cuando lees de forma asidua un blog, puedes llegar a conocer bastante bien al personaje que lo escribe. Fijaros que digo personaje y no persona, ya que lo que aparece en el blog es estrictamente lo que esa persona quiere que sepamos de ella. Nadie nos asegura que lo que estamos leyendo sea real, por lo tanto, creo que la forma más sana de entrar en el blogworld es asumir que todos sus habitantes son personajes. Algunos serán más de ficción que otros, pero qué más da. En realidad, en la vida real, todos somos personajes de nosotros mismos. Pocos somos como realmente nos gustaría ser.
De mis personajes favoritos, el que más me gustaría ser es el de Juan Diego de El tatuaje falso
es el único al que envidio la gran mayoría de sus posts. Me enrabieta que no se me hayan ocurrido a mi antes. Me encantaría conocerle porque estoy seguro de que nos divertiríamos hablando y compartiendo nuestros puntos de vista de un montón de experiencias que he descubierto (a través de su blog) que tenemos en común.

En su post del 30 de agosto, Juan Diego recuerda los programas de televisión que veía a través de la parabólica en casa de sus padres. Mientras lo leía me he visto a mi mismo, con quince años viendo aquellos canales que parecían hipersofisticados comparados con las dos tristes cadenas que había en España en aquella época.
Veía la MTV. Era la época de Beavis & Butthead, el Sledgehammer de Peter Gabriel, Luca de Suzanne Vega y el Sign O' the Times de Prince cuando todavía se llamaba así.
También veíamos esa gran emisora que tanto ha hecho para extender el castellano por el mundo: Galavisión. Emitía programas que parecían hechos hacía veinte años. Hoy, casi veinte años después, los programas de Galavisión siguen pareciendo haber sido hechos hace cuarenta años.
Había un canal francés TV5, en el que jamás conseguí ver nada durante más de cinco minutos seguidos, aparte de un concurso surrealista en el que un equipo de atléticos participantes recorría un castillo poblado por enanos mientras intentaban superar pruebas que les llevarían a encontrar un tesoro.
Hablando de surrealismo, no me puedo olvidar del canal RTL. Una emisora privada alemana que de vez en cuando ponía películas de Russ Meyer. El argumento de sus películas es... mujeres de enormes pechos y... mujeres de pechos enormes. Es decir, todo lo que un adolescente busca en una película.



Aunque lo mejor de aquel canal era un concurso llamado Tutti Frutti en el que un hombre y una mujer acumulaban puntos de acuerdo a unas reglas inexplicables en busca de un premio que nunca conseguí conocer. La cuestión es que daba igual cuál fuese el juego: ruleta, dados, cartas... siempre terminaba con algún concursante o una de las azafatas del programa, las chicas cin-cin (chin-chin en español) desnudándose. Era divertidísimo, porque las azafatas estaban muy buenas y en España descubrimos que Alemania no nos llevaba demasiado adelanto en el tema ropa interior.
Algunas de las chicas eran conocidas como eurogirls, representaban a un país de la Europa de entonces y tenían valor (en puntos) especial. Ahora que lo pienso, es probable que mi desconocimiento de la mecánica del concurso tuviese que ver con que mi atención estaba ocupada en otras partes de la pantalla.


Algunas de las chicas chin-chin


Aunque mi favorita era Amy


Evidentemente!

La pena es que Amy se hizo tan popular, que pronto la ascendieron a copresentadora y dejó de despelotarse, pero yo seguía vitoreándola fielmente cada vez que cantaba la puntuación de los concursantes.

Por qué será que no me sorprendí cuando me enteré de que el concurso era un invento italiano. Tampoco me impresionó demasiado cuando, durante la primera época de Tele 5, se hizo la versión española, con el ingenioso título de "Ay, qué calor!" y presentada por Jesús Cantero y Eva Pedraza. Mis amigos alucinaban con tantos centímetros cuadrados de piel por pantalla, pero yo ya estaba inmunizado y seguí prefiriendo la versión en alemán.
Qué se le va a hacer, siempre he sido bastante snob.

lunes, agosto 30, 2004

Nota mental:
No meterme con Riddick... (ni con el guionista de la película)

domingo, agosto 29, 2004

He ido a una juguetería a comprar la inevitable "sorpresita" para p, y he tenido que esperar más de diez minutos en la caja, porque la dependienta tenía un tremendo lío atendiendo a una clienta. La clienta tenía treinta y tantos años, y estaba tratando de comprar alrededor de una decena de coches en miniatura. Parece que las cajas de las miniaturas había perdido los códigos de control y la dependienta tuvo que hacerse la cuenta a mano. Cuando terminó dijo la cifra: trescientos veinticinco euros.
Me quedé francamente impresionado. No sabía que esos cochecitos eran tan caros. Al prinicipio, me chocó un poco ver la cantidad de coches que estaba comprando, además, dijo que los quería envueltos para regalo por separado. Supuse que sería el regalo para un montón de niños (un equipo de fútbol o algo así), pero al oir el precio tuve que cambiar mi suposición. Estaba tan sorprendido que no pude evitarlo y pregunté:
-¿Son para empezar una colección?
Me miró como sin creerse que le estuviese preguntando eso, y dijo:
-Para empezarla, dice... -dijo dirigiéndose a otras dos mujeres- lo malo es que los tendrá repetidos, y si no están repetidos vendrá a cambiarlos de todas formas. Porque siempre les encuentra algún defecto. -iba indignándose por momentos- Una rozadura, un retrovisor roto... Por cierto, no los he mirado. ¿Tienen todos los retrovisores?
Se puso a comprobarlo, y por cierto encontró uno al que le faltaba el retrovisor del lado izquierdo. Mientras tanto yo, ya tenía una idea más clara de la situación. Aquella mujer tenía un marido cuya pasión eran las miniaturas de coches, y en vez de regalarle una pluma Mont-Blanc para su cumpleaños, prefería una docena de vehículos de juguete.
Finalmente conseguí pagar, le dije adios a la mujer, me contestó con una sonrisa y la oí decir:
-Es nuestra jubilación. Acabaremos vendiendo los jodidos coches para poder comer...

Y yo que pensaba que mis amigos eran infantiles por comprarse una PlayStation...

sábado, agosto 28, 2004

Recapitulando.
Dos semanas casi seguidas en Madrid. Más trabajo del que he tenido nunca. Dos semanas aguantando gilipolleces (no tiene otro nombre) de clientes gilipollas (evidentemente).
Hoy es sábado y acabamos de llegar (P y yo) de la boda de un amigo, lo cual ha sido lo único bueno de la semana en Madrid (bueno, eso y la cena en el Tao de Juan Bravo, pero eso es siempre un valor seguro). Agradablemente, porque estábamos bastante cansados de toda la semana, y P en su estado no da mucho de si, la boda ha sido relativamente ligera. En realidad muchísimo más ligera que las bodas a las que estamos acostumbrados en nuestra "casa".
En fin, todo muy higiénico. Buena comida, un poco de baile, barra libre, y la gente empezando a despejar a media tarde. Las bodas a las que estamos acostumbrados comienzan por la mañana y terminan... por la mañana...
Esas bodas, son conocidas como bodas marathon por el estado en el que acaban los concurrentes.
La cuestión es que lo pasamos muy bien, vimos a personas que hacía años que no veíamos. La historia es como sigue: Hace unos años, un 12 de septiembre de 2001 (día D+1), como los jovenes inconscientes que éramos, decidimos irnos de viaje a Turquía. En el aeropuerto, nos encontramos con un par de compañeros de trabajo (de los que me llevo bien con ellos) , así que hicimos el viaje juntos. Durante ese viaje, uno de ellos, llamémosle J, conoció a A y comenzaron una relación que, hoy han formalizado, así que ha sido una especie de reencuentro con la gente de aquel viaje. Muy agradable y divertido.
Por lo demás, estoy bastante cansado de esta maldita ciudad en la que hago poco más que trabajar. Leo en los trayectos del Metro y por las noches salgo a cenar o al cine. Así es que llevo una semana sin poner un triste post, tarea que he encontrado bastante importante para mantener mi higiene mental. Y no es que no tenga cosas que decir, pero estoy tan cansado...